30 noviembre 2016

Padres y madres corresponsables. Una utopía real.



Teresa Jurado Guerrero
Padres y madres corresponsables. Una utopía real es un libro de interés para las personas que piensen tener hijos en el futuro o ya los hayan tenido. Se basa en conversaciones con 58 parejas que entrevistamos cuando esperaban su primera criatura en 2011 y de nuevo cuando ésta tenía 18 meses. Diez investigadoras e investigadores hemos seguido a estas parejas para comprender cómo es posible que actualmente el 70% de las madres con un hijo pequeño estén empleadas y cómo algunas parejas concilian empleo y familia implicándose ambos en las tareas familiares de manera corresponsable. La conciliación corresponsable es aún una utopía, porque la impiden la desigualdad entre el permiso de maternidad y de paternidad, la cultura (empresarial) patriarcal y la oferta inadecuada de servicios de educación infantil. No obstante observamos nuevas realidades: parejas que comparten el empleo, el trabajo doméstico y los cuidados de forma casi igualitaria. Las mujeres se reincorporan a sus empleos de forma similar a cómo trabajaban antes del parto y sus parejas adaptan sus empleos para poder cuidar (cambian el turno, aprovechan la flexibilidad horaria, piden reducción de jornada o teletrabajo), aprovechan horarios racionales en sus empleos o un periodo de desempleo para cuidar (solos) de la criatura.
Encontramos tres formas principales de ejercer la maternidad: madres cuidadoras convencidas, madres cuidadoras conciliadoras y madres cuidadoras corresponsables. Son formas diferentes de priorizar entre empleo y cuidados, de concebir la maternidad y de relacionarse con el padre. Algunas madres están satisfechas con su nueva situación y otras se enfrentan a obstáculos dentro y fuera de la pareja. En cambio, los hombres están contentos con su paternidad, aunque la ejercen de forma variada. Algunos dan por hecho que debe haber una especialización familiar y se convierten en padres cuidadores ocasionales. Otros cuidan bastante más que la generación de sus padres (padres ayudantes) y algunos aprenden a cuidar y crean lazos de apego con la criatura similares a los de la madre (padres comprometidos). Hay parejas que además consiguen mantener un reparto no tradicional de las tareas domésticas, sobre todo cuando habían consolidado esas prácticas antes del nacimiento del primer hijo.
El libro empieza por el contexto laboral y familiar español. Sorprende el alto porcentaje de parejas de dos sustentadores o con la mujer como sustentadora principal. Además en un 37% de las parejas ella gana lo mismo o más que él. Después seguimos a las 58 parejas en su viaje a la maternidad y paternidad, mostrando cómo para algunas es un punto de inflexión y cambio, sobre todo para las mujeres que abandonan temporalmente o reducen su empleo. Ahí encontramos una importante razón para el aumento de la brecha salarial de género. A continuación se analizan a las parejas más igualitarias: su satisfacción y la evolución del reparto de las tareas domésticas. Finalmente, de forma más narrativa, presentamos a cinco parejas, en las que ellas tenían ideales igualitarios antes de ser madres y cómo consiguen o no llevarlos a la práctica. Estas parejas ejemplifican diversos caminos en la formación familiar. Las lectoras y lectores mayores se verán reflejados en ciertas parejas, mientras que los más jóvenes pueden pensar qué trayectoria les gustaría seguir en el futuro. En ambos casos podrán reflexionar sobre qué sociedad les gustaría tener.


Padres y madres corresponsables. Una utopía real, (editoras María José González y Teresa Jurado Guerrero) fue publicado por Los Libros de la Catarata.
En la Biblioteca Central de la UNED puede encontrarse con la signatura 316.35(460) PAD
 

17 octubre 2016

La novela de amor o romántica

Ana Parra
Créditos imagen: Dianne Lacourciere, licencia CC
En el Día de las Escritoras en el que se conmemora el legado de las mismas y se intenta hacer visible su obra, me gustaría hacer una pequeño apunte sobre obras escritas en su mayoría por mujeres y que van dirigidas, principalmente, a mujeres: las novelas de amor. Es un género de literatura que en la actualidad mueve millones. No hay nada más que ir a la playa, montar en transporte público o fisgar dentro del índice de un libro electrónico para confirmar aquello que, mal que pese a los críticos literarios, se ve en las listas de los libros más vendidos. No voy a cuestionar la calidad de este género, pues para detractores ya dio buena cuenta de ello George Eliot (1819-1880) en su pequeño ensayo "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas". Para fervientes defensores de estas lecturas me remito a las listas de ventas y firmas de libros. Pero sí me gustaría resaltar algo que tanto Eliot, como anteriormente Jane Austen (1775-1817), en cierto sentido Charlotte Brönte (1816-1855) en Jane Eyre y, más adelante, Virginia Woolf (1882-1941) en Una habitación propia ponen de manifiesto: la vulnerabilidad de la mujer en la sociedad cuando no tiene recursos, pues está sometida aún más a la hipocresía de las convenciones sociales. Es verdad que las novelas de Jane Austen nos muestran uno de los mayores problemas de la humanidad, la falta de comunicación. Sin embargo, al terminar la lectura, solo nos quedamos con la idea del final feliz donde la chica pobre (o no) se casa con un hombre maravilloso (o no) con el que será feliz hasta el final de sus días. Los problemas de incomunicación y crítica social se borran de nuestra mente ante tanto triunfo del amor. Las protagonistas femeninas de Jane Austen no trabajan, están relegadas a las labores del hogar y su independencia económica depende de la riqueza de sus padres o de conseguir un buen marido. Jane Eyre, por el contrario, sí tiene trabajo. Un trabajo de chica pobre, pero con estudios; Jane Eyre es institutriz y se enamorará de un hombre rico y atormentado, y, después de sufrir varias penalidades, se volverán a unir para siempre.

Es cierto que el papel de la mujer estaba demasiado acotado, pero resulta cuando menos curioso que sea un hombre, Adalbert Stifter (1805-1868), nada menos, el que nos presente una novela corta, Brigitta, con más sustancia de lo que pudiera parecer. En esta novela hay un intercambio de papeles: el personaje fuerte e inteligente, capataz de su propia granja, es ella; el personaje guapo y más vulnerable, es él. ¿El desenlace? Merece la pena leerlo para averiguarlo. Hay otro matiz que aporta la novela de Brigitta y que las novelas actuales apenas consideran con el consiguiente perjuicio que, sin darnos cuenta, va calando en la sociedad. En Brigitta no hay la idea de necesidad del otro, de posesión, de pertenencia total hacia la otra persona que se puede atisbar en Jane Eyre. Brigitta no necesita al protagonista masculino para ser feliz. Ella ya es feliz, su amor le reporta mayor dicha sí, pero su pérdida no paraliza ni impide que ella siga su camino.

En las novelas actuales de amor, los personajes protagonistas  ya no se ajustan a los cánones tan decimonónicos de cuello de cisne y cinturas de avispas, ojos de infarto, mente lúcida y elocuencia. Como trabajan, tienen independencia económica, aunque no hay trasgresión en el aspecto laboral; se siguen ocupando puestos ya asumidos socialmente. Es verdad que el contenido sexual en este tipo de género ha aumentado. Sin embargo, la verdadera transgresión sería encontrar en este tipo de novelas un concepto de amor donde no haya que ser medias naranjas, sino que uno ya sea una naranja entera.

14 septiembre 2016

FRACASO. Lo que los “expertos” no entendieron de la economía global. Mark Weisbrot

Sonia Trol

Este ensayo de Mark Weisbrot abre una ventana de aire fresco al análisis sobre la crisis económica y política que llevamos padeciendo desde el año 2008. Plantea una reflexión acerca de las políticas neoliberales que se han estado implantando para resolver la crisis y, lo que es más interesante, utilizando datos y realizando un estudio exhaustivo, alternativas a las medidas impuestas.

La doctrina neoliberal no es nueva, se trata de una readaptación del liberalismo económico del siglo XIX. Durante todo el siglo XX, estas políticas se han implantado en distintos países y con diferentes grados de intensidad. Las medidas que se recetan frente a la crisis son siempre muy parecidas: ajuste fiscal o saneamiento presupuestario basado en el recorte de las pensiones y del gasto social; reducción de funcionarios públicos y privatización de servicios; “flexibilización” del mercado laboral incluyendo la reducción de la protección de l@s trabajador@s y el descenso de los salarios; recortes, cuando no supresión, de los subsidios que benefician a la población más necesitada; a la vez que se reducen los impuestos favoreciendo a las rentas superiores y las rentas derivadas del capital, dando mayores incentivos fiscales a los ricos. En definitiva, recortar o en algunos casos, eliminar el estado del bienestar, facilitando el negocio de las empresas privadas que se quedan con los nichos de actividad que ya no cubre el Estado. Todo esto, revestido con el consabido mantra: “no hay alternativas”, “o se aceptan estas recetas económicas o nos dirigimos al caos”, “los mercados necesitan seguridad y no están para experimentos” y un largo etcétera de frases apocalípticas repetidas hasta la saciedad en los medios de comunicación masivos, que en muchas ocasiones se encuentran controlados por intereses financieros y económicos a los que la doctrina neoliberal beneficia.

La crítica que Weisbrot realiza de estas políticas es feroz y la ilustra examinando distintos ejemplos en América Latina y Asia, donde se aplicaron estas recetas neoliberales con unos resultados similares y que sólo se pueden describir como negativos: aumento y prolongación del periodo de recesión; empeoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía; incremento del beneficio de unas élites que representan al gran capital y al capital financiero; en resumen, estancamiento en la recuperación del crecimiento económico.
Esta crítica no se limita a la actuación de distintos organismos defensores de la doctrina neoliberal en estos continentes, sino que abarca también a su actuación en la Unión Europea. Desde el primer capítulo de este libro, desmonta los argumentos defendidos por la Troika para justificar las reformas que obligatoriamente han adoptado los países miembros, en especial los conocidos como PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, España y Grecia), a raíz de la crisis económica que comenzó en el año 2008. En su análisis defiende que la crisis no era ni es una crisis provocada por un exceso de gasto público y un descontrolado crecimiento de la deuda pública que precise de políticas de austeridad (a excepción de Grecia).

 El caso griego pone de manifiesto que las autoridades europeas, al comienzo de la crisis, contaban con los recursos y la capacidad para restablecer el crecimiento y el empleo, pero optaron por aplicar una serie de medidas que después de seis años no han conseguido sacarnos de la recesión.
El autor considera que las autoridades económicas europeas, no elegidas en las urnas, entienden la crisis como una oportunidad de introducir una serie de medidas que jamás se hubieran puesto en funcionamiento mediante las urnas. Por estos motivos, defiende la necesidad de poner en práctica políticas económicas expansivas, es decir justo lo contrario de lo que se está haciendo. Este planteamiento lo refuerza contrastando con la actuación de EEUU, y lo primero que destaca es la diferente intervención en la economía del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal (Banco Central en EEUU). Mientras la Reserva Federal bajaba la tasa de interés a cero y aseguraba que la mantendría durante un tiempo prolongado, el BCE subió los tipos de interés dos veces a mediados de 2011, a pesar de la debilidad de la economía europea. Además la Reserva Federal creó 2,3 billones de dólares de flexibilidad cuantitativa, evitando que su deuda soberana entrara en crisis e incluso proporcionando fondos para estimular la economía. Por el contrario, el BCE en ningún momento de la crisis ha funcionado como prestamista de último recurso para los estados miembros y su máxima prioridad ha sido controlar las deudas públicas de los países. El BCE no ha estado dispuesto a usar su poder para crear dinero y estabilizar las economías de los países miembros de la Unión Europea. Esto ha ocasionado que los gobiernos hayan tenido que buscar financiación a través de la banca privada, con unos tipos de interés muy altos que no se corresponden con el riesgo real.

Weisbrot se enfrenta en este libro a los temas tabú de la política económica actual, impulsando otro punto de vista que estimula la reflexión. Como conclusión, plantea un futuro optimista confiando en las políticas progresistas que se están implantando en los países en desarrollo y en la pérdida de poder de organismos multilaterales defensores de la ortodoxia neoliberal, como es el caso del FMI. Sin embargo, no tiene en cuenta obstáculos como los que pueden suponer los tratados transatlánticos como el TTIP, CETA o TISA, que probablemente se impongan impulsados por las élites económicas y financieras, aprobados por los gobiernos y sin la consulta de la ciudadanía.