08 marzo 2017

Una nueva luz para Gloria Fuertes. Los libros del centenario


Antonio Ortega


La conmemoración este año del centenario del nacimiento de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998), es una ocasión inmejorable para recuperar y reivindicar la memoria y la obra de una mujer esencial de nuestra cultura, de una mujer y una poeta (ella siempre se negó a aceptar que la llamaran poetisa) que es un referente ineludible de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, además de ser, también, una mujer comprometida con la igualdad y los derechos de género, siendo siempre una pacifista defensora de los más desfavorecidos, de los perdedores y de los oprimidos. 

Gracias quizás a sus apariciones televisivas, pocos poetas han sido tan queridos, populares y seguidos como Gloria Fuertes, famosa sobre todo por sus textos infantiles, y precisamente por eso, por ser igualmente un referente de la literatura infantil española del siglo pasado, recibió el Diploma de Honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen. Pero más allá del encasillamiento de su escritura dentro de la literatura infantil, Gloria Fuertes fue una grandísima poeta, poseedora de una voz propia y original, capaz de dar cuenta de las urgencias de la vida con unos poemas ausentes de retórica, con un estilo que a pesar de ser coloquial, nada tiene de informal o distendido, sino todo lo contrario, pues sus poemas son la muestra de una difícil sencillez que, con una fuerza interior inolvidable, son el fruto una especie de lección íntima de la realidad y de la historia. Como dice en uno de los poemas,

 “No quiero ser maestra de nada, / me conformaría / con ser una lección / de algo”.
 Una poeta que, marcada por la Guerra Civil, la dictadura franquista y su condición, nunca ocultada, de lesbiana, se situó entre la vanguardia y el compromiso social, entre el desgarro del dolor y la tragedia de la existencia, y la alegría rebelde de vivir, pues como una "isla ignorada" sabía mirar y ver que
  “todos los días son blancos, / todas las noches son negras, / y las tardes son azules / y las mañanas son menta”. 

Una mujer y una poeta inclasificables, y de quien Camilo José Cela dijo que “aúlla, como una loba herida de muerte”, porque “sus versos son desconsolados y atroces, saludables y humanos, mortales de necesidad y amargamente sobrios y juguetones como el diablillo de la guardia, al que esta mujer quiere peinar los cuernos”. Como ha dicho Vicente Molina Foix, “hay mucha maravilla en su obra adulta”, y a falta de una edición completa de su obra (que además de su poesía incluya, entre otros escritos, su teatro y sus “glorierías”, esa especie de greguerías propias e inolvidables frases, algunas editadas por la editorial Torremozas), hay que recurrir a las sucesivas y constantes nuevas ediciones de sus antologías y libros, entre otros y muchos, Mujer de verso en pecho, editada por Cátedra y con prólogo de Francisco Nieva; Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) en la misma editorial y en edición de Pablo González Rodas; o acudir a sus Obras incompletas, también en Cátedra y en edición de la propia autora. Su innovadora y casi irreverente escritura, es capaz de fundir elementos orales y elementos escritos, cultos y coloquiales, creando una sucesión de textos a base de fuentes verbales en vez de referenciales, con lo que contribuyó a redefinir de algún modo el género poético, tanto para su generación como para las siguientes y posteriores, y siempre desde la condición inimitable de su misma poesía.

          Gracias a la celebración de su centenario, con seguridad se editaran y reeditaran muchos y diversos trabajos y nuevos libros, y de momento la lista se inicia con las siguientes publicaciones:
 El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y de vida, editado por Blackie Books en edición de Jorge de Cascante, con 448 páginas a todo color y cuyo reclamo editorial dice que es el libro sobre la verdadera Gloria Fuertes, y que se compone de 300 poemas, varios de ellos inéditos, 80 fotos nunca vistas, 12 dibujos de la poeta, una biografía que se dice la más completa hasta la fecha, con anécdotas, encuentros y desencuentros, recortes de prensa, páginas de sus cuadernos de notas, y que nos muestra objetos preciados y preciosos encontrados en su casa de Madrid, y al que añadir un cómic de 16 páginas obra de Carmen Segovia que narra escenas de su época como profesora en Estados Unidos. 

La editorial Nórdica saca a luz otra antología, Geografía humana y otros poemas, con ilustraciones de Noemí Villamuza y con prólogo de Luis Antonio de Villena, que reúne y selecciona algunos de sus mejores poemas publicados entre 1950 y 2005, y tal como publicita la editorial, pretende ser una modesta contribución al mejor conocimiento de su labor poética, que es la obra de toda una vida, pues, como ella misma afirmó, “cada acto que hago es poesía”. 

Otra aportación al centenario y al conocimiento de la obra poética de Gloria Fuertes, es la amplia antología Me crece la barba. Poemas para mayores y menores, editada por Reservoir Books, y que recoge sus mejores poemas en una antología libre en la que, como afirma la editorial “se reúne una amplia muestra de su producción poética para adultos, tan perenne como injustamente olvidada, y para niños, que le valió en las últimas décadas el clamor popular pero quizá no el crítico. Dispuestos y asociados en una suerte de itinerario vital (que no cronológico) de la autora”, estos poemas “dan viva fe de que no había dos Glorias, sino una sola y para todos los públicos”, y que toda su obra se puede leer con ojos más o menos inocentes, más o menos entre líneas.

 Como antes adelantábamos, la editorial Torremozas ofrece dos nuevas reediciones de Gloria Fuertes: uno es Glorierías (Para que os enteréis), una especie de poemas breves con los que decir mucho con menos, y que la poeta llamó “momentos” o “mini-poemas”, que son los que aquí se publican, en una edición que preparó ella misma pero que no vio la luz hasta después de su muerte en 1998. Su  título es una versión personal de las conocidas Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, por eso se incluye en esta edición una carta que Gómez de la Serna envió a Gloria en 1954 desde Buenos Aires, donde le aconseja que “no se deje llevar más que por sí misma” y es lo que hace Gloria Fuertes, ser ella misma en estado puro y acercarnos a su forma de ver las cosas desde la espontaneidad y la contundencia, como decía Gloria Fuertes, “con la rapidez de un dardo, un navajazo, una caricia”. El otro libro es Pecábamos como ángeles. Gloripoemas de amor, que es una selección de su poesía amorosa, también escogida por ella misma de diferentes libros, y que fue publicado por primera vez en 1997.

Gracias a las exposiciones, se puede llegar a la obra. Una es la que ofrece la Fundación Gloria Fuertes, bajo el título de El universo de Gloria Fuertes, en la que se realiza un recorrido estructurado cronológicamente a través de la vida y la obra de la escritora, tanto en su faceta de autora para niños, como en la de poeta para adultos. Esta exposición consta de siete paneles y 40 fotografías procedentes de su archivo personal y donde además se exponen manuscritos, libros, revistas y documentos originales, únicos y curiosos así como primeras publicaciones en revistas infantiles y primeras ediciones de su obra, que permiten ver el proceso de creación de la poeta, todo ello bajo un gran interés literario y didáctico. Otra es la que entre el 14 de marzo y el 14 de mayo se mostrará en el Centro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa, en colaboración con la Fundación Gloria Fuertes, y titulada Gloria Fuertes 1917-1998, ofreciendo un recorrido artístico y vital con el objetivo de dar a conocer su vida y reivindicar el lugar que le corresponde por derecho en el panorama literario español del siglo XX. Gloria Fuertes fue, por encima de todo, y más allá de las rimas, los ripios y los juegos del lenguaje, una superviviente, una poeta honda y coherente, y luminosa.

30 noviembre 2016

Padres y madres corresponsables. Una utopía real.



Teresa Jurado Guerrero
Padres y madres corresponsables. Una utopía real es un libro de interés para las personas que piensen tener hijos en el futuro o ya los hayan tenido. Se basa en conversaciones con 58 parejas que entrevistamos cuando esperaban su primera criatura en 2011 y de nuevo cuando ésta tenía 18 meses. Diez investigadoras e investigadores hemos seguido a estas parejas para comprender cómo es posible que actualmente el 70% de las madres con un hijo pequeño estén empleadas y cómo algunas parejas concilian empleo y familia implicándose ambos en las tareas familiares de manera corresponsable. La conciliación corresponsable es aún una utopía, porque la impiden la desigualdad entre el permiso de maternidad y de paternidad, la cultura (empresarial) patriarcal y la oferta inadecuada de servicios de educación infantil. No obstante observamos nuevas realidades: parejas que comparten el empleo, el trabajo doméstico y los cuidados de forma casi igualitaria. Las mujeres se reincorporan a sus empleos de forma similar a cómo trabajaban antes del parto y sus parejas adaptan sus empleos para poder cuidar (cambian el turno, aprovechan la flexibilidad horaria, piden reducción de jornada o teletrabajo), aprovechan horarios racionales en sus empleos o un periodo de desempleo para cuidar (solos) de la criatura.
Encontramos tres formas principales de ejercer la maternidad: madres cuidadoras convencidas, madres cuidadoras conciliadoras y madres cuidadoras corresponsables. Son formas diferentes de priorizar entre empleo y cuidados, de concebir la maternidad y de relacionarse con el padre. Algunas madres están satisfechas con su nueva situación y otras se enfrentan a obstáculos dentro y fuera de la pareja. En cambio, los hombres están contentos con su paternidad, aunque la ejercen de forma variada. Algunos dan por hecho que debe haber una especialización familiar y se convierten en padres cuidadores ocasionales. Otros cuidan bastante más que la generación de sus padres (padres ayudantes) y algunos aprenden a cuidar y crean lazos de apego con la criatura similares a los de la madre (padres comprometidos). Hay parejas que además consiguen mantener un reparto no tradicional de las tareas domésticas, sobre todo cuando habían consolidado esas prácticas antes del nacimiento del primer hijo.
El libro empieza por el contexto laboral y familiar español. Sorprende el alto porcentaje de parejas de dos sustentadores o con la mujer como sustentadora principal. Además en un 37% de las parejas ella gana lo mismo o más que él. Después seguimos a las 58 parejas en su viaje a la maternidad y paternidad, mostrando cómo para algunas es un punto de inflexión y cambio, sobre todo para las mujeres que abandonan temporalmente o reducen su empleo. Ahí encontramos una importante razón para el aumento de la brecha salarial de género. A continuación se analizan a las parejas más igualitarias: su satisfacción y la evolución del reparto de las tareas domésticas. Finalmente, de forma más narrativa, presentamos a cinco parejas, en las que ellas tenían ideales igualitarios antes de ser madres y cómo consiguen o no llevarlos a la práctica. Estas parejas ejemplifican diversos caminos en la formación familiar. Las lectoras y lectores mayores se verán reflejados en ciertas parejas, mientras que los más jóvenes pueden pensar qué trayectoria les gustaría seguir en el futuro. En ambos casos podrán reflexionar sobre qué sociedad les gustaría tener.


Padres y madres corresponsables. Una utopía real, (editoras María José González y Teresa Jurado Guerrero) fue publicado por Los Libros de la Catarata.
En la Biblioteca Central de la UNED puede encontrarse con la signatura 316.35(460) PAD
 

17 octubre 2016

La novela de amor o romántica

Ana Parra
Créditos imagen: Dianne Lacourciere, licencia CC
En el Día de las Escritoras en el que se conmemora el legado de las mismas y se intenta hacer visible su obra, me gustaría hacer una pequeño apunte sobre obras escritas en su mayoría por mujeres y que van dirigidas, principalmente, a mujeres: las novelas de amor. Es un género de literatura que en la actualidad mueve millones. No hay nada más que ir a la playa, montar en transporte público o fisgar dentro del índice de un libro electrónico para confirmar aquello que, mal que pese a los críticos literarios, se ve en las listas de los libros más vendidos. No voy a cuestionar la calidad de este género, pues para detractores ya dio buena cuenta de ello George Eliot (1819-1880) en su pequeño ensayo "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas". Para fervientes defensores de estas lecturas me remito a las listas de ventas y firmas de libros. Pero sí me gustaría resaltar algo que tanto Eliot, como anteriormente Jane Austen (1775-1817), en cierto sentido Charlotte Brönte (1816-1855) en Jane Eyre y, más adelante, Virginia Woolf (1882-1941) en Una habitación propia ponen de manifiesto: la vulnerabilidad de la mujer en la sociedad cuando no tiene recursos, pues está sometida aún más a la hipocresía de las convenciones sociales. Es verdad que las novelas de Jane Austen nos muestran uno de los mayores problemas de la humanidad, la falta de comunicación. Sin embargo, al terminar la lectura, solo nos quedamos con la idea del final feliz donde la chica pobre (o no) se casa con un hombre maravilloso (o no) con el que será feliz hasta el final de sus días. Los problemas de incomunicación y crítica social se borran de nuestra mente ante tanto triunfo del amor. Las protagonistas femeninas de Jane Austen no trabajan, están relegadas a las labores del hogar y su independencia económica depende de la riqueza de sus padres o de conseguir un buen marido. Jane Eyre, por el contrario, sí tiene trabajo. Un trabajo de chica pobre, pero con estudios; Jane Eyre es institutriz y se enamorará de un hombre rico y atormentado, y, después de sufrir varias penalidades, se volverán a unir para siempre.

Es cierto que el papel de la mujer estaba demasiado acotado, pero resulta cuando menos curioso que sea un hombre, Adalbert Stifter (1805-1868), nada menos, el que nos presente una novela corta, Brigitta, con más sustancia de lo que pudiera parecer. En esta novela hay un intercambio de papeles: el personaje fuerte e inteligente, capataz de su propia granja, es ella; el personaje guapo y más vulnerable, es él. ¿El desenlace? Merece la pena leerlo para averiguarlo. Hay otro matiz que aporta la novela de Brigitta y que las novelas actuales apenas consideran con el consiguiente perjuicio que, sin darnos cuenta, va calando en la sociedad. En Brigitta no hay la idea de necesidad del otro, de posesión, de pertenencia total hacia la otra persona que se puede atisbar en Jane Eyre. Brigitta no necesita al protagonista masculino para ser feliz. Ella ya es feliz, su amor le reporta mayor dicha sí, pero su pérdida no paraliza ni impide que ella siga su camino.

En las novelas actuales de amor, los personajes protagonistas  ya no se ajustan a los cánones tan decimonónicos de cuello de cisne y cinturas de avispas, ojos de infarto, mente lúcida y elocuencia. Como trabajan, tienen independencia económica, aunque no hay trasgresión en el aspecto laboral; se siguen ocupando puestos ya asumidos socialmente. Es verdad que el contenido sexual en este tipo de género ha aumentado. Sin embargo, la verdadera transgresión sería encontrar en este tipo de novelas un concepto de amor donde no haya que ser medias naranjas, sino que uno ya sea una naranja entera.