24 febrero 2009

Julio Cortázar

Leire Frisuelos

El pasado doce de febrero se cumplían veinticinco años de la muerte de Julio Cortázar. Este gran escritor argentino dejaba una obra única a sus espaldas.
Nace en Bélgica en 1914 y pasa la primera parte de su vida en Argentina para marcharse más tarde a París, donde se instalaría definitivamente. Cultiva varios géneros, siendo sin duda el cuento en el que sobresale como maestro indiscutible, marcando un antes y un después en la literatura en lengua española. Entre sus primeros libros se encuentran Bestiario, Las armas secretas e Historia de cronopios y de famas.

El reconocimiento internacional le llega con la publicación de Rayuela (1963), novela que revolucionó el panorama literario del siglo XX y que le llevó a formar parte del denominado “boom literario latinoamericano”. La peculiar estructura de esta obra –se puede leer de manera lineal o saltando entre páginas, como en el juego de la rayuela: es el lector quien decide-, su personal estilo narrativo, el ritmo inagotable de su prosa y la profundidad psicológica de sus personajes la convierten en una de las lecturas imprescindibles de todos los tiempos. La presencia del jazz y el ambiente urbano, la relación con la ciudad, su entorno cultural y su condición de latinoamericano tendrán una especial importancia en este libro y en el resto de la obra de Cortázar. Más tarde llegarán Todos los fuegos el fuego, Último Round, Alguien que anda por ahí, Queremos tanto a Glenda y otros más.
Córtazar es un autor al que volver en cualquier momento, porque no te puedes cansar de leerlo, siempre es una buena ocasión.

"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."(Julio Cortázar, Rayuela, Madrid: Alfaguara, 1996.)