26 mayo 2009

Concha García, Acontecimiento

Antonio Ortega

Ante la oscuridad difusa de un ensimismado presente científico y productivo, George Steiner declara necesario recuperar una “gramática de la creación”, entendida como “la organización articulada de la percepción, la reflexión y la experiencia; la estructura nerviosa de la conciencia cuando se comunica consigo misma y con otros”. Eso hace una de nuestras mejores poetas actuales, Concha García (La Rambla, Córdoba, 1956) que en la brillante y generosa madurez de Acontecimiento (Tusquets. Barcelona, 2008), su más reciente libro, restituye su espacio a una conciencia que tiene voz y habla, levantando un no-lugar en el que es posible “el presentimiento de que la voz/ sea la cosa que me dice”.

La existencia surge en lo que acontece, en eso inesperado que no percibimos como tal. Ante una realidad densa y caótica, es necesario dar cuenta del “extraño mecanismo de lo cotidiano”, recuperar el tiempo escaso de vidas ordinarias, dar cabida a todo lo que transforma nuestra conciencia. Lo que se vive, “enhebra la existencia”. En la quiebra de lo cotidiano la realidad se desmenuza, se desencuadra en el acontecimiento del poema. Aquí no hay florilegios, ni retóricas, el poema relata un acontecimiento cotidiano que de pronto llama a la extrañeza, pues “luchar contra la llaga,/ contra la permanencia de lo que se sabe,/ desvela/ la indescriptible sed de navegar”. La evidencia de las intuiciones, presentimientos y presagios, se muestra clara cuando alcanzamos a saber que “la vida era algo apretado/ que se reducía al instante”.


Queda entonces el errabundeo, el viaje, un yo que se hace otros, y otras sus miradas. Esa es la metáfora de este libro necesario: somos criaturas con una sed inextinguible, seres que quieren volver a un lugar que nunca conocieron: “Ah, la razón/ que ordena los lugares donde no se habita”. Pequeños momentos de conciencia que nombran el mundo, que modifican la trama que dibuja el desorden de lo real.