01 junio 2009

Hotel Savoy, Joseph Roth

Leire Frisuelos

Joseph Roth (Brody 1894-París 1939), escritor y periodista austriaco de origen judío, es uno de los autores más relevantes de la narrativa europea del siglo pasado. Escribió numerosos libros, entre ellos La marcha Radetzky, El busto del emperador, La cripta de los capuchinos, Viaje a Rusia o Crónicas berlinesas. Fue testigo de la caída y desmembración del Imperio Autrohúngaro y la Primera Guerra Mundial, lo cual dejaría una huella evidente a lo largo de su obra. Así, en sus textos está presente el conflicto personal y social que supone la desaparición de la patria, la destrucción de un modo de vida y la desorientación del hombre europeo de entreguerras, que se siente desposeído en medio de ninguna parte.

Hotel Savoy, publicado en 1924, narra la historia de Gabriel Dan, un soldado judío vienés que regresa a casa, tras el cautiverio sufrido a lo largo de cinco años en un campo siberiano durante la Primera Guerra Mundial. Durante su viaje de retorno se aloja en el Hotel Savoy con la intención de descansar unos días y conseguir dinero para continuar su marcha. Allí conocerá a los otros huéspedes del hotel, una extravagante galería de personajes formada por payasos, magnetizadores, soñadores profesionales de números de lotería, siniestros ascensoristas y apuntadores de teatro. Éstos protagonizarán situaciones grotescas y delirantes al borde del esperpento, que, sin embargo, parecen no despertar extrañeza a nadie dentro del hotel. De este modo Roth crea una atmósfera ilusoria y de ensoñación, un universo particular construido con sentido del humor e ironía en contrapunto con la realidad del exterior: hordas de repatriados rusos a causa de la Revolución que llegan a la ciudad en busca de trabajo, hambre, miseria y empobrecimiento.
Al igual que el protagonista de su novela, Joseph Roth consiguió reinventarse a sí mismo tras una guerra que lo condenó a ser testigo y cronista de la más brutal de las pérdidas:
“[…] la gran guerra llamada Guerra Mundial, y con razón, creo yo, no precisamente porque tuvo lugar en todo el mundo, sino porque, como consecuencia de ella, todos nosotros perdimos un mundo, nuestro mundo”.