21 marzo 2010

El doble. Poema de Petersburgo. Dostoievski

Leire Frisuelos

El doble, publicada en 1846, es la segunda obra escrita por Dostoievski. Se trata de una novela corta que narra el extraño suceso que aconteció al Señor Goliadkin en San Petersburgo. Goliadkin es un funcionario estatal de baja categoría, atormentado, débil de espíritu y pusilánime. Es el prototipo de funcionario gris y alienado por la máquina  burocrática que nos encontramos en El capote de Gógol, en Bartleby y en Joseph K.

Una noche, Goliadkin es expulsado de una cena en casa de su jefe a la que supuestamente había sido invitado y este hecho le produce una profunda conmoción. Al día siguiente se topa por la calle con un individuo completamente idéntico a él: el otro Señor Goliadkin. Aunque físicamente son iguales, su carácter es totalmente opuesto, ya que el falso Goliadkin es un ser alegre, seguro, triunfador y siempre rodeado de  amigos. A partir de ese momento el falso Goliadkin se introducirá en la vida del verdadero como si siempre hubiera estado en ella, de la manera más normal. El señor Goliadkin se ve sometido a una dura tortura psicológica, que Dostoievski refleja con maestría mediante los desquiciados monólogos interiores del protagonista, al intentar buscar una explicación a lo sucedido durante toda la narración.

“El hombre bueno trata de vivir honradamente y no de cualquier modo y, además, nunca tiene un doble”

La intriga y la tensión se mantienen durante este inquietante relato, mientras que el lector se pregunta quién de los dos es realmente el auténtico y quién la máscara. A esto le acompaña un ácido sentido del humor, que queda patente desde el comienzo en el modo en que el narrador alude una y otra vez al protagonista como “nuestro héroe”, dejando claro que al miserable Goliadkin no le toma en serio ni su propio narrador. La historia transcurre en una oscura San Petersburgo, no por casualidad mencionada en el título de la obra, y que desde el principio cobra importancia de un modo palpable y visual. Las calles sombrías y frías de esta urbe inconmensurable, los canales revueltos del Fontanka sobre los que llueve y nieva a la vez y la atmósfera hostil propia del mes de noviembre proporcionan un marco idóneo para albergar las desventuras y pesares del señor Goliadkin, quien empequeñece bajo una ciudad construida para ser residencia de zares y no de hombres pequeños.

Sorprende el poder de atracción que ejerce sobre el lector este tipo de antihéroe, inadaptado y apartado del mundo, protagonista de numerosos relatos en literatura de los siglos XIX y principios del XX. Quizá se trate de un carácter inevitable fruto de su tiempo, quizá sea un tipo de representación urbana y moderna de la angustia universal del ser humano; el caso es que desde Gógol a Melville, Kafka y alguno más, su conflicto todavía llama con fuerza a acercarse a él y llega hasta nuestros días sin perder actualidad.

El doble, Ed. Alianza, 1996.

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