02 junio 2011

Ganadores del concurso de microrrelatos


Con motivo de la celebración del Día del Libro, en la biblioteca convocamos un concurso de microrrelatos, como os contamos en su día. Los textos no podían exceder de cien palabras y debían comenzar con la frase: “ El 23 de abril…”. A continuación os ofrecemos el relato ganador, titulado El cielo puede esperar, de Jorge Gómez Vázquez,  que ha sido premiado con una Ruta literariaUNED para dos personas, así como los tres microrrelatos que mayores votos recibieron después de aquel. Esperamos que os gusten.

 
El cielo puede esperar, de Jorge Gómez Vázquez

El 23 de abril de 1616 San Pedro lo tuvo complicado con tanto letraherido.
El dilema fue si mandarlos al infierno o abrir las pesadas puertas del cielo. Ante la duda, anunció que aquel que le contase una buena historia, entraría. El primero contó lo que había escuchado a los incas cuando niño; el segundo cantó la tragedia de un príncipe cuya sed de venganza acabó en ríos de sangre; el tercero narró las desventuras de un hidalgo que se ejercitaba en la locura para escapar de la tosca realidad…
Fascinado, San Pedro perdió las llaves para que le siguieran contando más cuentos profanos.


Libro busca lector

El 23 de abril, los libros como las rosas, salen a la calle con la savia nueva de la primavera para insinuarse a los ávidos lectores o a los paseantes casuales. ¡Lo hacen descaradamente! Te provocan con sus atractivas y enigmáticas portadas. Se dejan tocar, abrir, puedes oler su tinta y papel recién estrenados. Te siguen a cualquier rincón de tu casa, se meten en tu cama, en tu bolsillo. Sacian tus ansias de saber, te hacen sentir, vibrar con amores y desamores. ¿Quién da más? Es el día del lector que busca libro y del libro que busca lector.

Devolverles la vida

El 23 de abril planché mi mejor sonrisa, atusé mi flequillo anaranjado y me lancé a la aventura salpicando de asombro a mis vecinas. En medio del jardín coloqué torpemente un par de mesas que cubrí totalmente de ejemplares. Desde el banco bajo la mimosa que me sirvió de asiento las veía murmurar sin acercarse. Minutos después “mis chicos “estaban en manos de personas que se marchaban sonriendo. Fueron años de búsqueda entre cartones y cajas de leche. Los limpié con cuidado, los guardé con aromas de vainilla. Hoy soy feliz regalándolos a quien valora un libro y no osaría jamás arrojarlo al olvido.

Páginas contra la ausencia

El 23 de Abril la sorprendió en Barcelona. Siempre lo había celebrado pero, desde que la muerte la vistió de ausencia, nada podía celebrar. Sus pasos perdidos la condujeron a gentes y libros y en su memoria desfilaron hermosos e hirientes recuerdos: el primer libro que le compró de bebé, los cuentos leídos cada noche hasta que aprendió a leer, las ferias del libro, las charlas sobre el goce de la lectura… y el más doloroso, las que ya nunca mantendrían…
Regresó solo con una rosa y una espiga y el agradecimiento infinito a tantas pacientes páginas
que diariamente la rescataban de la locura.