18 diciembre 2012

Las pequeñas virtudes. Natalia Ginzburg

Ana Parra

   Si tuviera que hablar de una de las mayores virtudes que poseen mis amigos es la generosidad con la que comparten sus conocimientos. Gracias a ellos, descubrí a Joseph Roth, a W.G. Sebald, a Joseph Conrad, a Stanisław Lem, a Amos Oz y a tantos y tantos otros que tan buenos ratos me han hecho pasar.
Uno de estos amigos, por mi cumpleaños, me regaló un libro de una autora italiana, Natalia Ginzburg, titulado Las pequeñas virtudes.

Las pequeñas virtudes es un libro que recoge once ensayos publicados en diferentes periódicos y revistas entre los años 1944 y 1961. Sólo hay uno, “Él y yo”, inédito.
En estos textos, la mayoría con tintes autobiográficos, se habla de ciudades y de los sentimientos que despiertan; de zapatos rotos y de lo que implican esos zapatos; de la guerra y de las cicatrices que esta deja; de los amigos, de los que ya no están (precioso aquel en el que escribe sobre Cesare Pavese) y de los que viven; de las relaciones humanas y cómo cambian a lo largo de la vida; de la familia; del amor… Y lo cuenta tan bien y de una manera tan clara que, sin caer el sentimentalismo, consigue conmover aún más.

En su ensayo Las pequeñas virtudes habla sobre la educación y la importancia de enseñar a los hijos, aún en las peores condiciones, el amor a la vida.
En esto coincido con la autora: no son las pequeñas virtudes las que hacen que nos enamoremos de una persona determinada, o que pensemos que realmente la vida merece la pena, sino que es gracias a las otras, a las grandes virtudes, a las que


 “provienen de un instinto mudo en el que la razón no habla, un instinto al que me resultaría difícil poner nombre. Y lo mejor de nosotros está en ese mudo instinto, y no en nuestro instinto de defensa, que argumenta, sentencia, diserta con la voz de la razón”. 

Y son estas grandes virtudes las que hacen que el libro de Natalia Ginzburg nos sepa a poco y queramos, o lanzarnos a la biblioteca más cercana a por más libros suyos, o lanzarnos a esa pasión tan poco valorada como es el amor a la vida.


Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, trad. de: Celia Filipetto. Barcelona: El Acantilado, 2002.