19 febrero 2014

Quien no tenga un cable cruzado que tire la primera piedra. Jose Mª Buceta


La imaginación consuela a las personas
de lo que no pueden ser. El humor las
consuela de lo que son.

Winston Churchill


 Teresa Merelo de las Peñas
Como dice Darío Fo, la risa denota sentido crítico, fantasía, inteligencia, distancia frente a todo fanatismo. Creo que por eso, justamente, la religión y la política tienden a excluir el humor. Y por eso también,  cuanto más dogmática es una sociedad, menos sentido del humor hay en ella, porque el humor permite romper las reglas y escaparse, por un momento,  de lo establecido.

Pero… ¿de qué hablamos cuando hablamos de humor?  Cuando intentamos definirlo resulta un concepto complejo, sofisticado y difícil de describir. Haciendo un ejercicio de reduccionismo, podríamos decir  que es la capacidad  de ver la realidad de un modo especial, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas; y si lo hacemos desde un punto de transgresión, nos ofrece una interpretación distinta de las situaciones, donde podemos apreciar los contrastes y los sinsentidos.

  Esta vía de escape tiene consecuencias muy interesantes. Al reír y  mirar las cosas de manera distinta podemos acceder  a una forma de análisis diferente, que facilita el afloramiento de soluciones creativas con las que abordar nuestros problemas cotidianos. Ya Freud escribió que el humor es el mayor mecanismo de defensa del ser humano, pues sobreponerse a una situación mediante el humor, es una fantástica válvula de seguridad que nos protege de  aquello que nos deshumaniza o nos niega la alegría de vivir, fomentando una actitud positiva frente a la vida.
Además, el  humor no sólo es divertido, también es bueno para nuestra salud.  Está comprobado que los estados de ánimo influyen de manera muy positiva en la salud de las personas. Cuando el humor está presente en nuestro día a día, pone en marcha mecanismos fisiológicos que nos protegen y mejoran nuestro funcionamiento general.  Como resultado estamos menos crispados, más relajados y cargados de energía.  Cuando nos desenvolvemos en un entorno que contempla y fomenta el humor, además de mejorar nuestro estado físico en general, aumenta  nuestra motivación,  mejora  la comunicación y se potencia la  creatividad. Somos capaces  de darle la vuelta a las situaciones,  reírnos de las tristezas y las injusticias y mejorar,  como  dijimos, nuestra eficacia ante ellas. 

Como dice Javier del  Rey Morató,  el humor es un producto muy sofisticado que pone en juego la inteligencia, y con el que la inteligencia también se divierte a sí misma.  Sin embargo, como cualquier herramienta, es preciso tener cuidado al emplearlo, ya que sus beneficios sólo son consistentes si el humor es adecuado al momento y el lugar, pertinente al tema que se trata, y evita las variedades más agresivas y ofensivas (estamos hablando de una cosa muy seria!! )
Creo en el humor y en su capacidad para ayudarnos a vivir mejor la vida (especialmente en tiempos de crisis que es cuando hay que echarle más humor a todo).  Así que el encuentro con la obra de José Mª Buceta ha sido para mí una muy agradable sorpresa. En ella he encontrado  ese  humor, tan refrescante y beneficioso, que anima a mirar sin dramatismos nuestras desventuras e infortunios.

  Quien no tenga un cable cruzado…
narra las vidas cruzadas de diferentes personajes, relatadas con ironía, crítica y humor.  Del mismo modo que el teatro del absurdo mostraba la sociedad a partir de los excesos,  el autor nos hace reflexionar sobre situaciones actuales a través de unas historias que, a priori, nos pueden parecen disparatadas, pero que finalmente no lo son tanto. El autor utiliza el humor de forma inteligente, haciendo  sonreír a menudo e incluso reír en ocasiones, algo tan difícil de lograr. En la obra no hay juicios, sólo una amable  comprensión  que consigue que nos aproximemos a las extravagantes correrías de sus personajes de manera desenfadada, animándonos a acompañarlos, con  un cierto cariño, en su ir y venir, entre consulta y consulta,  buscando  soluciones.

  Su lectura, fácil y amena, nos muestra un ser humano  plagado de imperfecciones, con sus contradicciones y problemas: el conformismo, la inseguridad, el miedo, la obsesión, la falta de empatía, la tristeza, la angustia… Reconozcámoslo, el Dr. Henry Tuales, famoso psicoterapeuta francés que enlaza varias de las historias, y sus colegas de profesión, tienen mucho trabajo por hacer, porque…  ¡quien no tenga un cable cruzado!