24 enero 2015

CORRUPCIÓN Y POLÍTICA. Los costes de la democracia.

                                                       Sonia Trol Crespo

La corrupción política es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos en la actualidad y uno de los problemas más graves a los que se enfrentan las sociedades democráticas. Este tema ha producido una extensa literatura que se mueve entre los artículos periodísticos y los libros de ensayo, como el que os recomendamos en esta ocasión. Corrupción y política. Los costes  de la democracia es un conjunto de pequeños ensayos escritos en 1994 por Javier Pradera Gortázar, editor, escritor y columnista del diario El País. Pradera nos invita a bucear en los más sonados escándalos de la época, analizando las causas de este fenómeno y mostrando sus consecuencias. 
Lo asombroso de este texto es que si no supiéramos que está escrito en los años 90 y que examina los hechos de venalidad política que se produjeron desde la Transición hasta esa fecha, podríamos pensar que describe la situación en la que nos encontramos en la actualidad, donde cada día desayunas con un nuevo caso de corrupción. 

El origen de este sistema de corruptelas hay que buscarlo en las estructuras económicas y políticas heredadas de la dictadura franquista que se mantuvieron durante la transición a la democracia, modificando tan sólo sus instituciones. Sin duda, esta situación ha impedido el desarrollo de valores cívicos, usos políticos y hábitos de convivencia de los que han disfrutado países con larga tradición democrática.
 La llegada de los socialistas al poder en 1982 y la entrada de España en la Unión Europea marca una nueva época de despilfarro generalizado. El aumento de los recursos públicos durante estos años fue equiparable al incremento de los casos de tráfico de influencias en los concursos para contratos de obras y servicios, recalificaciones urbanísticas y concesiones administrativas. Durante este periodo se suceden los escándalos de corrupción ligados a la clase política: Juan Guerra, hermano del vicepresidente del Gobierno y el despacho oficial que ocupaba para sus negocios; Mariano Rubio, Gobernador del Banco de España y exponente de lo que se llamó la “Beautiful People”, implicado en un delito de fraude a Hacienda y en el caso Ibercorp; el caso Roldán, director general de la Guardia Civil y condenado por malversación, cohecho, fraude fiscal y estafa. También se profesionaliza la política convirtiéndose en un oficio estable y corporativo. Una profesión vitalicia en algunos casos, que presenta rasgos gremialistas, de manera que aunque los representantes públicos pertenezcan a partidos diferentes, comparten problemas, preocupaciones e intereses comunes. Otra de las características de la clase política es su fácil reacomodo en la sociedad civil, a través del fenómeno de las puertas giratorias que en ocasiones evidencia a qué intereses espurios sirve el político de turno. 

   Un capítulo aparte merece el tema de la financiación de los partidos políticos. Estos nacieron como vehículos para la participación popular, pero se han transformado en máquinas gigantescas dirigidas por un aparato burocrático con sus propios intereses específicos, alejados de las necesidades de sus militantes y electores. Después de cuarenta años de dictadura, el asociacionismo voluntario había quedado muy debilitado, de manera que éste fue el principal motivo por el que se pensó que ni los partidos políticos ni los sindicatos podrían hacer frente a sus compromisos económicos tan sólo con las cuotas de sus afiliados. La idea de financiar a los partidos a través de los presupuestos del Estado, y por tanto de los contribuyentes, se consideró una buena opción que además reforzaría la independencia de éstos frente a los poderes económicos.
El sistema de financiación resultante ha sido bastante generoso ya que cubre tanto los gastos electorales como los de funcionamiento de los partidos. Además mediante dinero público se financian fundaciones, movimientos sociales y organizaciones juveniles vinculadas a estas instituciones.  En otros países europeos, como por ejemplo Alemania, sólo se subvencionan las campañas electorales, al contrario que en los países escandinavos donde únicamente se sufragan los gastos ordinarios. Sin embargo, parece que todos estos recursos económicos no son suficientes. Casos como el de Filesa, Naseiro, Siemens, Peña o Calviá evidencian la voracidad y la mala gestión llevadas a cabo por los dirigentes de los partidos. La financiación ilegal es fruto de esta estructura que han ido desarrollando en el tiempo y perjudica enormemente al erario público y en consecuencia a los contribuyentes. El modelo utilizado para satisfacer las necesidades de tesorería de los partidos, al margen de la legalidad, es el cobro de comisiones ilegales a cambio de concesiones administrativas, contratos o recalificaciones u otros actos administrativos con claro beneficio privado. Todo ello coronado a través de las cuentas opacas del partido mediante una contabilidad B

    En definitiva, podríamos decir que “de aquellos polvos estos lodos” y, es en este sentido, en el que este libro se convierte en una lectura imprescindible para comprender el problema de la corrupción en España. 
¿Cómo es posible que en veinte años los casos de venalidad política se hayan convertido en verdaderas tramas mafiosas, al más puro estilo Boardwalk Empire? Pradera nos plantea muchas de las sencillas soluciones que hubieran evitado la propagación de estos casos. Tal vez, por este motivo, este libro debía de haber visto la luz mucho antes.