24 septiembre 2015

Más allá de Grey

Aunque nos cueste creerlo, la literatura erótica nació mucho antes que Christian Grey. Con esta afirmación no queremos restar ni un ápice de mérito al hecho de haber conseguido llegar a tantos lectores y haber revitalizado un género considerado minoritario hasta la llegada de E.L. James, pero pensamos que es interesante no perder de vista a los grandes clásicos de la literatura erótica. Ellos desarrollaron y plasmaron magistralmente el imaginario sexual, la fantasía y la evocación.
Justine o los infortunios de la virtud, de El Marqués de Sade (1787)
En la Edad Moderna uno de los pioneros del género sería el Marqués de Sade, cuya obra ha sido analizada e interpretada por pensadores de la talla de Foucault por su valor transgresor, el desafio que supuso a  la moral cristiana imperante, y el contrapunto a los valores de la Ilustración. En esta novela Sade relata los abusos sexuales y situaciones con las que ha de lidiar la joven Justine, una chica huérfana de buena familia y educada en el pudor y la virtud, para poder sobrevivir. El uso de un lenguaje muy explícito y el detalle de las descripciones mantienen la fuerza erótica de la obra más de dos siglos.

El amante de lady Chatterley, de D.H. Lawrence (1928)
Publicada por primera vez en Florencia en 1928, esta mítica novela no vería la luz en Reino Unido hasta 1960, y lo haría provocando gran escándalo en la sociedad británica del momento.
El libro narra los encuentros sexuales entre Constanza, casada con un aristócrata parapléjico a causa de la guerra, y el guardabosques de su propiedad. Más allá del realismo con el que describe la pasión entre los amantes, destaca la innovadora indagación en el psiquismo femenino, utilizando el poder del sexo y el placer como herramientas de autodescrubrimiento, identidad e independencia.


Historia del ojo de Georges Bataille (1928)
Para muchos considerada una obra maestra de la literatura erótica, Historia del ojo fue publicada en 1928 de manera clandestina y bajo el seudónimo de Lord Auch. Simone, la joven protagonista, transgrede todas las normas del comportamiento sexual. Encarna el deseo, el placer, lo prohibido y el castigo,  recorriendo las tres grandes obsesiones del autor francés: el surrealismo, el sexo y la muerte. Destacar que los símbolos de los ojos y los huevos construyen una metáfora en torno al sexo que atraviesa toda la novela y sirve como eje vertebrador.

Trópico de cáncer, de Henry Miller (1934)
Publicado por primera vez en París en 1934, debido a la censura no vio la luz en Estados Unidos hasta 1961, después de más de sesenta juicios sobre su legalización. Hoy es considerada una de las novelas más rupturistas, influyentes y perfectas de la literatura en lengua inglesa. El autor hace un inolvidable repaso de su estancia en París en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, centrada tanto en sus experiencias sexuales como en sus reflexiones acerca de la realidad del ser humano en un periodo de crisis. Relata con un lenguaje sobrio una vida desenfrenada donde todo son experiencias nuevas, decepciones posteriores y continuos riesgos. Cuatro años después Henry Miller publicaría Trópico de Capricornio.

El amante, Marguerite Duras (1934)

Esta novela, galardonada con el Premio Goncourt en 1984, es una narración autobiográfica que relata el encuentro entre un adinerado comerciante chino y una adolescente de origen francés en la Indochina colonial. A bordo de un transbordador en las aguas del Mekong, Léo y la adolescente, trasunto de la propia Marguerite Duras, viven una apasionada historia de amor. La historia está contada con un estilo sencillo y ligero, pero que recoge todos los matices y sutilezas que precisa la autora para transmitir la pasión y la sensualidad de la historia.