14 septiembre 2016

FRACASO. Lo que los “expertos” no entendieron de la economía global. Mark Weisbrot

Sonia Trol

Este ensayo de Mark Weisbrot abre una ventana de aire fresco al análisis sobre la crisis económica y política que llevamos padeciendo desde el año 2008. Plantea una reflexión acerca de las políticas neoliberales que se han estado implantando para resolver la crisis y, lo que es más interesante, utilizando datos y realizando un estudio exhaustivo, alternativas a las medidas impuestas.

La doctrina neoliberal no es nueva, se trata de una readaptación del liberalismo económico del siglo XIX. Durante todo el siglo XX, estas políticas se han implantado en distintos países y con diferentes grados de intensidad. Las medidas que se recetan frente a la crisis son siempre muy parecidas: ajuste fiscal o saneamiento presupuestario basado en el recorte de las pensiones y del gasto social; reducción de funcionarios públicos y privatización de servicios; “flexibilización” del mercado laboral incluyendo la reducción de la protección de l@s trabajador@s y el descenso de los salarios; recortes, cuando no supresión, de los subsidios que benefician a la población más necesitada; a la vez que se reducen los impuestos favoreciendo a las rentas superiores y las rentas derivadas del capital, dando mayores incentivos fiscales a los ricos. En definitiva, recortar o en algunos casos, eliminar el estado del bienestar, facilitando el negocio de las empresas privadas que se quedan con los nichos de actividad que ya no cubre el Estado. Todo esto, revestido con el consabido mantra: “no hay alternativas”, “o se aceptan estas recetas económicas o nos dirigimos al caos”, “los mercados necesitan seguridad y no están para experimentos” y un largo etcétera de frases apocalípticas repetidas hasta la saciedad en los medios de comunicación masivos, que en muchas ocasiones se encuentran controlados por intereses financieros y económicos a los que la doctrina neoliberal beneficia.

La crítica que Weisbrot realiza de estas políticas es feroz y la ilustra examinando distintos ejemplos en América Latina y Asia, donde se aplicaron estas recetas neoliberales con unos resultados similares y que sólo se pueden describir como negativos: aumento y prolongación del periodo de recesión; empeoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía; incremento del beneficio de unas élites que representan al gran capital y al capital financiero; en resumen, estancamiento en la recuperación del crecimiento económico.
Esta crítica no se limita a la actuación de distintos organismos defensores de la doctrina neoliberal en estos continentes, sino que abarca también a su actuación en la Unión Europea. Desde el primer capítulo de este libro, desmonta los argumentos defendidos por la Troika para justificar las reformas que obligatoriamente han adoptado los países miembros, en especial los conocidos como PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, España y Grecia), a raíz de la crisis económica que comenzó en el año 2008. En su análisis defiende que la crisis no era ni es una crisis provocada por un exceso de gasto público y un descontrolado crecimiento de la deuda pública que precise de políticas de austeridad (a excepción de Grecia).

 El caso griego pone de manifiesto que las autoridades europeas, al comienzo de la crisis, contaban con los recursos y la capacidad para restablecer el crecimiento y el empleo, pero optaron por aplicar una serie de medidas que después de seis años no han conseguido sacarnos de la recesión.
El autor considera que las autoridades económicas europeas, no elegidas en las urnas, entienden la crisis como una oportunidad de introducir una serie de medidas que jamás se hubieran puesto en funcionamiento mediante las urnas. Por estos motivos, defiende la necesidad de poner en práctica políticas económicas expansivas, es decir justo lo contrario de lo que se está haciendo. Este planteamiento lo refuerza contrastando con la actuación de EEUU, y lo primero que destaca es la diferente intervención en la economía del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal (Banco Central en EEUU). Mientras la Reserva Federal bajaba la tasa de interés a cero y aseguraba que la mantendría durante un tiempo prolongado, el BCE subió los tipos de interés dos veces a mediados de 2011, a pesar de la debilidad de la economía europea. Además la Reserva Federal creó 2,3 billones de dólares de flexibilidad cuantitativa, evitando que su deuda soberana entrara en crisis e incluso proporcionando fondos para estimular la economía. Por el contrario, el BCE en ningún momento de la crisis ha funcionado como prestamista de último recurso para los estados miembros y su máxima prioridad ha sido controlar las deudas públicas de los países. El BCE no ha estado dispuesto a usar su poder para crear dinero y estabilizar las economías de los países miembros de la Unión Europea. Esto ha ocasionado que los gobiernos hayan tenido que buscar financiación a través de la banca privada, con unos tipos de interés muy altos que no se corresponden con el riesgo real.

Weisbrot se enfrenta en este libro a los temas tabú de la política económica actual, impulsando otro punto de vista que estimula la reflexión. Como conclusión, plantea un futuro optimista confiando en las políticas progresistas que se están implantando en los países en desarrollo y en la pérdida de poder de organismos multilaterales defensores de la ortodoxia neoliberal, como es el caso del FMI. Sin embargo, no tiene en cuenta obstáculos como los que pueden suponer los tratados transatlánticos como el TTIP, CETA o TISA, que probablemente se impongan impulsados por las élites económicas y financieras, aprobados por los gobiernos y sin la consulta de la ciudadanía.